Hoy es 5 de enero y prácticamente ¡estamos iniciando el año 2026!!!
Parece difícil creer que el tiempo pasó volando. Hemos celebrado con nuestra familia y amigos la navidad y el final del año 2025, con festejos de todo tipo que no solo nos han dejado gratos recuerdos, sino también un poco de agotamiento. Probablemente muchas de nosotras recibimos visitas de familiares o amigos del extranjero a quienes atendimos gustosamente, o fuimos nosotras las que salimos de viaje; también, nos reunimos con amistades que no habíamos visto en mucho tiempo y, a donde fuimos, repartimos abrazos y brindis por doquier. Muchas habrán particiado en actividades religiosas tradicionales de estas fechas y hasta asistieron a una que otra posada alegórica a la celebración de la Natividad del Niño Jesús.
Por supuesto, hicimos nuestros propósitos de año nuevo, las visitas familiares de tradición, las listas de los regalos, las reuniones de los grupos de wasap, comimos las 12 uvas del fin de año, nos vestimos de los colores navideños y bailamos sin parar cantando a todo pulmón. Y así, con toda esa algarabía, la temporada de fiestas pasó.
Y aquí estamos, listas para empezar y dar todo lo bueno de nosotras, con entusiasmo y energía y esos deseos tremendos de que el 2026 sea de grandes y maravillosos cambios… ¿O no es así? Veamos…..
Al empezar el nuevo año, dejamos atrás todo lo que hemos disfrutado y los buenos propósitos y simplemente nos sumergimos en la rutina de todos los días: las interminables reuniones de trabajo, las tareas domésticas que hay que planear y dirigir; la escuela de los niños, la ropa de dry cleaning del esposo, las citas médicas, las cuentas que pagar, el estrés del tráfico, etc., como si nada hubiera cambiado. Y sí ¡así es!… nada ha cambiado pues el proceso de la vida es ese y el cambio que deseamos con la llegada del nuevo año no sucede porque sí, lo tenemos que hacer nosotras. No basta desear, hacer propósitos, planear, hay que tomar acción: que este año nuevo quiero ser más asertiva para tomar decisiones, que quiero dejar de sentir miedo al futuro incierto, o quiero dejar de sufrir por aquel agravio que me hizo la amiga que me traicionó; o mejor, quiero perder esos kilos que siempre digo que lo haré y que no logro hacerlo; puede ser, que quiero avanzar en mi carrera y obtener un mejor puesto y salario, o quiero que mi negocio logre mayores ventas, talvez, tener una relación más amable con mi suegro, o, será que necesito reconciliarme con esa parte de mi familia con la que no he tenido buena relación, en fin… La verdad es que nunca podremos hacer el viaje, si no escogemos las fechas y compramos el tiquete. Pues así es el nuevo año, nunca cambiará si no tomamos acción sobre lo que queremos cambiar.
No dejemos que este nuevo año se nos vaya sin haber mejorado esa parte de nuestra vida que nos mantiene atadas y que no nos deja vivir y volar alto. ¡Utilicemos la llave que nos abre la puerta de las oportunidades!
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